martes, 6 de febrero de 2024

CURSO DE LITURGIA

 VESTIDURAS SAGRADAS  (I) CURIOSIDADES

Sobre la forma de la casulla

Durante muchos siglos, la casullo mantuvo las formas anchas y majestuosas de la poenula nobilis antigua (un tipo de capa utilizada en el mundo romano a partir del siglo IV a.C.; se trataba de una pieza de tela de lana basta de forma oval con capucha). Este tipo de casulla ya aparece registrada como de uso corriente hacia el siglo III. 

Las imágenes que aparecen con frecuencia en mosaicos antiguos, como en San Juan de Letrán (siglo VII), permiten suponer que la base formaba casi una circunferencia perfecta, mientras que en la parte superior se estrechaba en forma de cono. Este corte de casulla debía ser bastante incómodo para el celebrante al mover los brazos, especialmente si la tela era pesada o con una rica decoración, como sucedía con frecuencia a partir de la época carolingia. 

Por eso, hacia los siglos X y XI se registra una primera modificación en la confección, que consiste en acortar de manera notable la parte anterior de la casulla, dejándole una forma semicircular o, con mayor frecuencia todavía, en punta. La célebre casulla de san Willigiso († 1011), obispo de Maguncia, que se conserva en el Museo Nacional Bávaro, tiene por detrás 1,57 metros de altura y por delante apenas 1,15 metros. Pero este diseño tan poco estético se abandonó pronto.


 Casulla de San Willigiso de Maguncia

(Foto: Bayerisches Nationalmuseum; Fuente: Asociación Litúrgica Magníficat)

En los siglos XII y XIII prevalecen las llamadas casullas acampanadas, bastante amplias e igualmente largas por ambos lados. Durante los dos siglos siguientes aparecen las casullas en rombo o góticas, tan largas como anchas; no sólo tienen una forma artística y digna sino que, también, dejan ya suficientemente libre el movimiento de los brazos. 

Hacia fines del siglo XV, al difundirse cada vez más las telas recamadas, comienza la tendencia a mutilar las casullas (a pesar de los esfuerzos de san Carlos Borromeo (1538-1594), y fueron reduciéndose hasta alcanzar la forma que estuvo en uso hasta entrado el siglo XX.

 

Casulla del S. XIII mutilada para adaptarla al modelo "de guitarra"

(Foto: Victoria & Albert Museum, Fuente: Asociación Litúrgica Magníficat)

 

A mediados del siglo XIX, apareció un movimiento en defensa de la la casulla de forma gótica (en realidad la antigua casulla romana, previa al barroco). Sin embargo, la Santa Sede, interpelada por el arzobispo de Münster, respondió que no aprobaba esta tendencia (Sagrada Congregación de Ritos, decreto de 11 de febrero de 1863), aunque el propio papa Pío IX mitigó la decisión en una carta posterior (21 de agosto de 1863).

A comienzos del siglo XX, y en el marco del Movimiento Litúrgico, el reclamo recobró fuerzas y recibió múltiples apoyos; a pesar de la ambigua respuesta de la Santa Sede (de 9 de diciembre de 1927), se interpretó en sentido favorable hacia el uso de las casullas góticas. La Sagrada Congregación de Ritos decretó (20 de agosto de 1957) que fuera cada obispo quien tomara una prudente decisión sobre la forma de los ornamentos, pudiendo concederse la autorización sobre aquellos de estilo antiguo, pero evitando en cualquier caso que se afecte la santidad o el decoro del culto o se introdujeran novedades arbitrarias o inoportunas. Fue así como el uso de las casullas de corte medieval se fue extendiendo en la Iglesia, sobre todo ahí donde el Movimiento Litúrgico había penetrado con mayor fruto, y no supuso ningún problema para la práctica sacramental.   

Desde el Concilio Vaticano II se han reforzado las disposiciones en favor del libre diseño de las casullas y se deja en manos de las conferencias episcopales, con supervisión de la Santa Sede, dar normas más precisas respecto de la forma y materiales para confeccionar los ornamentos sagrados (SC 124 y 128). 

En la actualidad, la Instrucción general del Misal Romano sólo da unas directrices en relación con la casulla. 

 

 Ilustraciones de Augustus Welby Pugin de casullas y capas pluviales de inspiración medieval

(Imagen: Modern Medievalism; Fuente: Asociación Litúrgica Magníficat)

Con el fin de eliminar algunos de los abusos que comúnmente ocurren, la Instrucción Redemptionis Sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (2004), prescribió la obligación del ministro oficiante de llevar las sagradas vestiduras prescritas en los libros litúrgicos, así como con respecto a los ministros concelebrantes.  

Fuente: (Cf) https://asociacionliturgicamagnificat.blogspot.com/2016/04/sobre-la-forma-de-la-casulla-proposito.html (29.01.2024)

lunes, 5 de febrero de 2024

CURSO DE LITURGIA

 19. VESTIDURAS SAGRADAS   (I)

Las vestiduras pertenecen a los elementos materiales de la liturgia. También tienen un significado profundo. Vestir una ropa determinada significa asumir la personalidad correspondiente, asumir una identidad, puesta de manifiesto en esas vestiduras. Estas vestiduras no indican un poder sobre nadie, sino un servicio a los demás.

El Presidente y los demás ministros de la celebración son los únicos que se revisten de modo simbólico para su ministerio. En los primeros siglos del cristianismo no parece que los ministros se revistieran de modo especial, salvo las vestiduras romanas propias de los días festivos. Con el tiempo, al dejar de usarse estas vestiduras para el uso civil se mantuvieron para los actos de culto y, de esas vestiduras, derivan las actuales.

Vestiduras del diácono:

Dalmática romana. Fuente: Ars Sacra

v DALMÁTICA. Del latín “dalmática vestis”, túnica o vestidura de Dalmacia. Vestido litúrgico en forma de túnica hasta las rodillas, con mangas amplias que usan los diáconos sobre el alba y la estola. Los primeros cristianos la tomaron de los romanos y éstos, del pueblo de los dálmatas (hoy países balcánicos). La vestían las personas de dignidad.

Estola cruzada. Fuente: InfoCatólica

v ESTOLA CRUZADA. Del hombro izquierdo hacia el costado derecho, en forma descendente.

 

Vestiduras del presbítero o sacerdote:

Fuente: Park "N" Shine

v AMITO. Pequeño lienzo rectangular, de lino blanco, colocado debajo del alba que pueden usar los ministros sobre los hombros y alrededor del cuello, debajo del alba, para ocultar los vestidos comunes. Tenía un significado alegórico: servía en defensa contra las tentaciones diabólicas y la moderación de las palabras. Hoy ya no se suele usar, porque las albas vienen confeccionadas de forma que cubran el cuello, y con el cuello en forma distinta a la V. 

Fuente: Pinterest. SGBlogosfera. Amigos de Jesús

v ALBA. Del latín “alba”, blanca. Es una vestidura litúrgica común a todos los ministros. Es una túnica talar blanca de mangas largas que cubre todo el cuerpo y se reviste sobre el vestido común. Con ese alba, el sacerdote representa la pureza que el hombre recibe por los méritos del misterio pascual de Cristo. También significa la penitencia y la pureza de corazón que debe llevar el sacerdote al altar. El alba se coloca sobre el clergyman o la sotana. 

Fuente: El rincón de las Melli

v ROQUETE. Del latín “rochetum”; especie de alba corta, hasta la altura de las rodillas, que se usa sobre la sotana o el hábito religioso. También se llama sobrepelliz. Puede ser usada por el sacerdote o el diácono para exponer el Santísimo, para una celebración de Bautismo o para un matrimonio.

Estolas sacerdotales. Fuente: Aquedah

v ESTOLA. Del latín “stolé”, vestido. Es prenda de tela alrededor del cuello del sacerdote; utilizada para las celebraciones litúrgicas. La usan los obispos y presbíteros, colgando del cuello hacia delante; y los diáconos, desde un hombro hasta la cintura atravesando en diagonal la espalda y el pecho. Es símbolo de los poderes sagrados que recibe el sacerdote, como pastor que lleva a sus ovejas sobre sus hombros, como maestro que enseña a sus discípulos, como guía que conduce a las almas hacia la vida eterna.

Casulla con forma de "guitarra". 
Fuente: Asociación Litúrgica Magnificat

v CASULLA. Del latín “casula”, cabaña. Vestimenta litúrgica amplia y abierta por los costados para la celebración de la Misa. Se usa sobre el alba y la estola. Confeccionada en tela, tiene la forma de una capa cerrada por delante o poncho. Cambia su color según la celebración y el tiempo litúrgico. Simboliza la caridad que cubre todos los pecados.

 

Fuente: (Cf) Curso de Liturgia. (Cf) Pedro Sergio Antonio Donoso Beant

domingo, 4 de febrero de 2024

Reflexiones lecturas de hoy

La primera lectura de hoy (Job 7,1-4. 6-7) expresa la queja de Job, angustiado por el peso del a vida y por la posibilidad de que sea un sinsentido. La vida de Job, con una terrible experiencia del mal, no es ajena a la nuestra. Ante una existencia que se nos escapa corremos varios peligros: uno es el afán por aprovechar cada instante en beneficio propio (una optimización egoísta del tiempo). Otro, es considerar que nada vale la pena y que lo que nos envuelve no son más que sombras de muerte. El evangelio de hoy (Mc 1,29-39) nos muestra la respuesta de Jesús: hay que vivir practicando el bien.

La transformación del mundo pasa por el cambio del corazón. Lo vemos en todo lo que realiza Jesús, es su gratuidad. Su vida es expresión de su misericordia. Todos son gestos que van acompañados del amor: la cercanía a sus apóstoles, la compasión por los enfermos, el anhelo de acercar a los hombres a Dios expresado en la oración, el anuncio de la Buena Noticia del Evangelio. El amor aniquila la pesadez de la vida. Y, al mismo tiempo, se nos muestra cómo el Señor se acerca a cada persona. ¿De qué serviría transformar todo el mundo si cada uno no se sintiera amado singularmente? Sólo el amor descifra el enigma de la vida.

Otro ejemplo de Jesús en este pasaje son sus “silencios buscados”, que pueden ser una forma de evitar los engaños que nos embaucan; impedirían que fuéramos detrás de cualquier promesa de alegría. Quién sabe si así, definitivamente, dejaríamos de tener prisa y nos proveeríamos de más tiempo: el que la vida precisa para ser vivida a fondo.

Fuentes: Magnificat febrero 2024 y (Cf.) Evangelio Diario en la Compañía de Jesús 2024    

sábado, 3 de febrero de 2024

Boletín Parroquial "O Sineiro", n. 640


Podes consultar este Boletín "O Sineiro" premendo AQUÍ.

 

PREGÓN DE CUARESMA

 Cuando era pequeña vivía la Cuaresma con mucha intensidad. Todavía no me había acostumbrado a contemplar a todo un Dios clavado en una cruz. Mi abuela se encargaba de que en ninguno de los cuarenta días se nos olvidara lo que estaba a punto de acontecer. Cada día nos recordaba a mi hermana y a mí que Jesús estaba a punto de morir por nosotras.



Aquellas palabras me impactaban. Nunca había vivido una muerte cercana, pero podía intuir que era de lo peor que le podía pasar a alguien. Me daba cuenta de que en el mundo de los adultos la muerte era el mayor de los temas tabúes. Solo cuando por rigurosa necesidad no quedaba más remedio que abordarlo, siempre se hacía rodeándolo de una sólida capa de tristeza y desolación que no invitaba a seguir profundizando en el asunto.

¿Quién era, entonces, Aquel que había querido dar Su vida por mí, aquel cuya muerte sí se podía comentar? Era el mismo sobre el que nuestra abuela nos hablaba cuando nos llevaba al colegio cada mañana. Un tal Jesús que era muy bueno, hacía milagros y había nacido en un pesebre a pesar de su condición divina.

En mi familia, un elemento imprescindible del Jueves Santo era la película de después de comer, justo antes de ir a los Oficios. La Pasión, por supuesto. La crudeza de las escenas conseguía crear el ambiente idóneo para ponerse en situación. Casi podía sentir desde la comodidad de mi sofá los latigazos que veía en la pantalla. Recuerdo incluso haber soltado alguna lagrimita llena de tristeza e indignación después de la tercera negación de Pedro. ¿Cómo podía atreverse a negarle? Me parecía inconcebible que un domingo Jesús fuera recibido con palmas y vítores, y tan solo cinco días después, estuviera clavado en una cruz. «Si yo hubiera estado ahí, no le hubiese traicionado», me decía. Y con una mezcla de rabia, aflicción, amargura y pesar, deseaba que transcurriera el tiempo lo más rápido posible hasta la Vigilia Pascual. Menos mal que la historia tenía final feliz y todos aprendían su lección. La moraleja parecía acertada.

Cuando se es niño resulta fácil simpatizar con quienes los adultos –directa o indirectamente– dicen que debemos simpatizar. A mí ese tal Jesús del que tanto y tan bien me habían hablado desde pequeña me caía bien, me parecía un buen hombre. El problema viene cuando uno se hace mayor y se da cuenta de que ya no le sirve tener una opinión heredada de Jesús porque creer en él implica vivir de una determinada manera. Es entonces cuando pueden brotar algunas preguntas un tanto incómodas: ¿Qué es lo que me hace sentir 'simpatía' hacia la persona de Jesús? ¿Quién es, realmente, Jesús de Nazaret? ¿He tenido un encuentro personal con Él, o es solo el héroe de las historias que me contaba mi abuela? ¿Me interpela, verdaderamente, lo que le pasó? ¿Tiene algún sentido recordar aquella historia dos mil años después en una sociedad que nada tiene que ver ya con la de entonces?

Y es también entonces cuando uno parece ir descubriendo que sí, que aquello que pasó cuando todavía no existían internet ni los móviles tiene mucho de actual. Porque también en nosotros se dan contradicciones e incoherencias: Domingos de Ramos que se tornan rápidamente en Viernes Santos. Largos caminos hacia el Gólgota con horizontes no demasiado esperanzadores que van acompañados de dolor y mucha soledad. Algunas veces nos sentimos traicionados, negados... y otras veces somos nosotros los que ignoramos y decimos 'no' al prójimo. Muchos sepulcros vacíos, desiertos interiores, incomprensión...

Pero hoy estamos de fiesta. A lo largo de la jornada nos impondrán esa ceniza que nos recuerda que polvo somos, y en polvo nos convertiremos. Pero ese polvo, acogiendo todo lo que de real y cierto representa (nuestra finitud, limitación, pecado...), no tiene la última palabra. El propio Dios, hace dos mil años, se encarnó para asumir nuestra condición y dignificarla. No estamos solos en esto. Jesús pasó por ello antes que nosotros, lo atravesó hasta el final y nos regaló una forma muy concreta de vivirlo en plenitud.

martes, 30 de enero de 2024

CURSO DE LITURGIA

Simbología de la incensación silenciosa

Fuente: Doxología.org    

El ritual de la incensación, practicado también en algunas religiones de los pueblos antiguos, representa para la Iglesia cristiana una evocación litúrgica del Antiguo Testamento, en donde encuentra su correspondiente en lo que se hacía en el altar del incienso, por las mañanas y al anochecer, en el Santuario. 

En sí, la incensación representa una de las formas de sacrificio, una expresión de la ofrenda de adoración que presentamos a Dios, como autor y soberano de la creación. El sentido de esto nos lo confirma la misma fórmula que el sacerdote utiliza para bendecir el incienso colocado sobre los carbones del incensario (turíbulo): “Te presentamos el incienso (te lo ofrecemos como don), a Ti, Cristo, Dios nuestro, en el aroma de una buena fragancia espiritual, el cual, aceptándolo en Tu altar...”.

En el marco de la vigilia nocturna, las Vísperas empiezan con la apertura de las puertas del Santo Altar y con la incensación en silencio de la Santa Mesa y el Santo Altar. En esos instantes, la fragancia del incienso alcanza todos los rincones del templo. Esta incensación representa el comienzo de la creación del mundo. El Espíritu de Dios desciende sobre el mundo material original, “tierra informe y vacía”, de la cual nos habla el libro del Génesis, y sopla sobre él Su fuerza vivificadora.

 Autor: Victor Florea

Fuente: https://doxologia.org/es/palabras-de-espiritualidad/simbologia-de-la-incensacion-silenciosa (29.1.2024)

lunes, 29 de enero de 2024

CURSO DE LITURGIA

 18. LA INCENSACIÓN

El rito de incensación expresa reverencia y oración. La materia que se coloca en el incensario debe ser incienso puro o en caso de agregarle alguna sustancia se debe procurar que la cantidad de incienso sea mucho mayor.

En cuanto a la forma de incensar siempre ha de hacerse, únicamente, con movimientos dobles. Antes y después de incensar se debe hacer una inclinación profunda a la persona u objeto que se inciensa. Se inciensa con tres movimientos dobles:

o   el Santísimo Sacramento (que ha de hacerse de rodillas),

o   la reliquia de la Santa Cruz,

o   las imágenes del Señor o de la Virgen,

o   los dones para el sacrificio,

o   la cruz del altar,

o   el Evangelario,

o   el Cirio Pascual,

o   el ministro celebrante y

o   el pueblo.

La incensación del altar. Como incienso en Tu presencia.
Fuente: SANCTA SANCTIS. 

El resto de los casos se inciensa con dos movimientos dobles. Antes y después de la incensación se debe hacer una reverencia profunda a la persona u objeto que se inciensa, a excepción del altar y los dones para el sacrificio de la Misa.

En la Misa se puede incensar durante la procesión de entrada; al comienzo de la Misa para incensar primero a la cruz si está sobre el altar y, si no lo está, cuando pase ante ella; después, al altar; en la procesión y proclamación del Evangelio al Evangelario; en la preparación de los dones, que se inciensan las ofrendas, el altar, la Cruz, al Obispo o presbítero, a los concelebrantes y al pueblo.

También se inciensa, de rodillas, en el momento de mostrar la Hostia y el Cáliz, después de la consagración. En la bendición con el Santísimo Sacramento se le inciensa durante el momento mismo de la bendición, colocándose el turiferario ante el altar de rodillas, como en la consagración. Las imágenes se inciensan sólo al comienzo de la celebración, no en el ofertorio.

Fuente: (Cf) Curso de Liturgia. (Cf) Pedro Sergio Antonio Donoso Beant

sábado, 27 de enero de 2024

Disposición para orar

 

Fuente: CHRISMHOM

Un paso o dos antes del lugar donde tengo de contemplar o meditar, me pondré en pie, por espacio de un Paternóster, alzando el entendimiento arriba, considerando cómo Dios nuestro Señor me mira.

San Ignacio de Loyola

Fuente: Evangelio Diario en la Compañía de Jesús, 2024

viernes, 26 de enero de 2024

¿QUÉ ES LA ORACIÓN?

 

Fuente: La oración de los fieles. InfoCatólica

Muchos cristianos no saben qué es la oración. Algunos consideran que es algo propio de los ministros y agentes pastorales de la Iglesia, pero no para la gente de a pie. Otros han tenido una mala experiencia, pues lo han intentado muchas veces y han considerado que no les aporta nada y la han abandonado. Otros, más pragmáticos, llegan a la conclusión de que si Dios ya sabe lo que cada uno quiere o necesita, ¿qué sentido tiene orar? Hay quienes están tan ocupados que les falta tiempo para ello. Y otros que, teniendo tiempo, no les apetece, ya sea por aburrimiento o pereza.

¿Y qué es la oración? El Catecismo de la Iglesia Católica presenta el tema de la oración de esta manera: “Este es el misterio de la fe”. La Iglesia lo profesa en el Símbolo de los Apóstoles y lo celebra en la Liturgia sacramental, para que la vida de los fieles se conforme con Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre. Por tanto, este misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.

La oración es, pues, expresión de la relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Es don divino (Dios que llama) y respuesta generosa a esa llamada.

Fuente: el Taco Calendario del Corazón de Jesús, 2024

jueves, 25 de enero de 2024

PRIMER BELÉN DE LA HISTORIA

INDULGENCIA PLENARIA con motivo del 800 aniversario del primer Belén de la Historia

BELÉN de la iglesia de SAN FERMÍN de los NAVARROS (Madrid)

Merece la pena observar los detalles de este peculiar Belén que se encuentra en la iglesia de San Martín de los Navarros. Hay palomas por doquier (símbolo del Espíritu Santo); una de ellas observa al Niño, que está situado en un altar donde un sacerdote está oficiando ante la Cruz (rememorando nuestra Redención); a su lado se encuentra el mismo San Francisco y un grupo de sus seguidores. 

La representación de los fieles presentes enmarca la época: Navidad de 1.223 en Greccio, Italia. Desde entonces, la tradición del Belén navideño no ha cesado en la Iglesia católica.


La noticia es que, con motivo del 800 aniversario de este primer Belén, el Papa ha concedido INDULGENCIA PLENARIA a todos los fieles que visiten una iglesia franciscana entre el 8 de diciembre de 2023 y el 2 de febrero de 2024 y, además, cumplan los requisitos habituales (confesión sacramental, comunión, rezo del Credo y rezo de un Padrenuestro por las intenciones del Papa). 

lunes, 22 de enero de 2024

¿Cuál es y cómo se comete el pecado contra el Espíritu Santo?

 

Fuente: Biblia

Es Mateo (12,31-32) quien menciona un pecado “que no será perdonado”, y aclara que es “la blasfemia contra el Espíritu Santo”.

Blasfema quien no se siente necesitado de Dios, no se siente pecador o se cree sin pecado; quien se cierra al llamado de Dios a la conversión, quien endurece el corazón; quien considera que Dios no puede perdonar o niega el perdón de Dios en la confesión. Es decir, es el pecado por el que el hombre se niega libre y conscientemente al perdón y la misericordia de Dios. De ahí su gravedad; considera que Dios no tiene nada que hacer, que no puede actuar, que no se puede hacer nada. Aunque Dios quiere perdonar, la persona no le deja.

Es necesario comprender que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado porque el pecador no se arrepiente, no porque Dios no lo quiera perdonar. Por eso, abrámonos a la acción de la gracia del Espíritu Santo, luchemos por nuestra conversión y confiemos en su Misericordia, que es infinita y eterna.

Recordemos Proverbios 28,13: “El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos, alcanzará misericordia”.

 

Fuente: (Cf) catholic.net (https://es.catholic.net/op/articulos/66628/cat/13/cual-es-y-como-se-comete-el-pecado-contra-el-espiritu-santo-.html#modal ), 19.01.2024

 

domingo, 21 de enero de 2024

MEDITACIÓN sobre las lecturas y el Evangelio de hoy (Jonás 3, 1-5.10; 1 Corintios 7,29-31; Marcos 1,14-20)


F
Fuente: Arquidiócesis de Bogotá

“Evangelio”: esa es la expresión que Marcos pone en boca de Jesús nada más comenzar su vida pública para sintetizar el núcleo de su mensaje y su vida.

El Maestro es noticia y, para más señas, noticia positiva. Airea nuestro bien. Construye, sana, fortalece, clarifica, enlaza, hace crecer, alegra. Dios reinará dando alas a la realidad humana. A partir de ahora, cuanto Jesús exprese y realice tendrá la forma de un único y doble mensaje:

1º conoceremos lo que Dios puede ser y hacer en nosotros como personas y sociedades y,

2º eso que será y hará, es rotundamente benéfico.

Lo sorprendente es que Jesús no establece requisitos para que el Evangelio se realice. El Reino no es producto humano. Lo dicho, dicho está: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios”.

A partir de ahí, lo que viene es una invitación: 

“Convertíos y creed en el Evangelio”.

Por nuestra parte, sólo queda la acogida de esa buena noticia. Avisados quedamos: nos transformaremos si, primeramente, experimentamos el amor.

Recordemos:

Todos los santos tienen un pasado,

y todos los pecadores, un futuro

Fuente: (Cf) Evangelio Diario en la Compañía de Jesús 2024


martes, 9 de enero de 2024

PERMÍTEME, SEÑOR

 

Fuente: Pinterest

Permíteme, Señor, que aquí postrado,

consciente de mi nada en Tu presencia,

y aun temiendo pecar de irreverencia

me atreva al alto honor de acompañaros.

 

Yo sé que no soy digno de miraros,

mas, fiado en Tu amor y en Tu clemencia,

se apacigua el clamor de mi conciencia

y me inunda la calma al contemplaros.

 

En el mundo, Señor, por olvidaros,

es todo confusión y algarabía

que me inquietan de modo extraordinario.

 

Por eso, mi Señor, vengo a rogaros,

que le dejes gozar al alma mía,

del remanso de paz de Tu Sagrario.

 

José Ramon de Pablo


Fuente: El Evangelio Diario en la Compañía de Jesús, 2024