Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender.
Sería más
eficiente.
José
Ingenieros
Fuente:
Taco Calendario del Corazón de Jesús 2022
Capitulo i. la vida moral del cristiano
¿Qué diferencia hay entre un creyente y un practicante?
todos conocemos
gente que es creyente y practicante, y otros que son creyentes pero no
practican, y ciertamente no es lo mismo. La verdad es que no resulta fácil de
entender cómo una persona puede ser creyente y no practicante, porque eso
equivale a no ser coherente con las propias convicciones o principios que
deberían guiar su conducta. La gente valiosa adquiere compromisos que luego
cumple aunque le cuesten, y más cuando se trata de cuestiones importantes, como
la religión y la moral. La palabra dada compromete a la persona, lo más valioso
que cada uno es en realidad. Solamente desde la falta de formación, uno se
puede declarar no practicante porque, en realidad, no es creyente de veras, al
menos en el sentido cristiano de la palabra “creer”.
En primer
lugar puede darse esa especie de esquizofrenia cuando alguien no se adhiere de
verdad a Jesucristo, porque creer significa seguirle aceptando toda su vida y
sus enseñanzas, pues de lo contrario no sería discípulo. En segundo lugar y
dependiendo de la total adhesión a Jesús creer significa adherirse a todas las
verdades contenidas en el Credo que proclamamos en comunión con la Iglesia. En
dependencia de esas verdades de salvación admitimos, además, los medios de
santificación que nos permiten cumplir la Voluntad de Dios, como son los
Sacramentos de la gracia recibidos en la comunión eclesial, en unión con el
Papa y los Obispos, y los demás fieles de la Iglesia. Solo de este modo el
católico, y en sentido más amplio el cristiano, puede cumplir los diez
Mandamientos de la Ley de Dios.
otra cosa
distinta es que cueste vivirlos con fidelidad, como cuesta vivir la virtud y
todo lo que vale la pena en la vida todo lo que es coherente con nuestra
vocación de hijos de Dios. Eso lo saben todos los verdaderos creyentes y los
santos han dado ejemplo de humildad para reconocer a la vez su debilidad y el
poder de Dios. Han confiado en los dones de Dios que les da capacidad
sobrehumana para ser testigos fieles de Cristo, para difundir la fe con
heroísmo, y para ser inmensamente alegres en medio del sufrimiento y de la
Cruz. Piensa en algunos de ellos, como san Juan, san Agustín, santo Tomás Moro,
santa Teresa de Lisieux o san Josemaría Escrivá. Y sobre todo, la Santísima
Virgen. Y si quieres mirar a otros que luchan ahora muy cerca de nosotros,
piensa en Juan Pablo II o en la Madre Teresa de Calcuta. En suma, la gracia de
Dios y la correspondencia personal lleva a ser coherentes y practicar lo que
creemos, porque la adhesión a Jesucristo no admite fisuras –no seríamos
discípulos más que de nombre- y Dios cuenta con nuestras debilidades si somos
humildes para regresar siempre como el hijo pródigo.
Fuente:
Jesús Ortiz, Diálogo sobre los
mandamientos. Madrid, 2004.
Capitulo i. la vida moral del cristiano
¿La moral cristiana es más perfecta que otras?
Juan Pablo II
ha sido el primer Papa en llegar al Monte Sinaí, la montaña sagrada en la que
Moisés recibió de Dios los diez mandamientos y allí afirmó: “Los Diez
Mandamientos no son la imposición arbitraria de un Señor tiránico. Fueron escritos
en piedra, pero estaban ya escritos en el corazón humano como la base de la ley
moral universal, válida en todo tiempo y lugar”. Al cumplirse los 2.000 años
del cristianismo y en el lugar de su primer anuncio se volvieron a proclamar
los diez mandamientos como una invitación al diálogo entre los seguidores de
las grandes religiones y como único camino para el futuro de la humanidad.
Ciertamente hay que cumplir unas normas y Mandamientos para alcanzar el fin de nuestra vida, de acuerdo con nuestra condición de hombres y mujeres libres, y hechos, además, hijos de Dios por el Bautismo y la vida de comunión en la Iglesia.
Pero el fundamento y razón para cumplir los Mandamientos es la Persona misma de Jesucristo, que es Dios con nosotros. Porque ser cristiano significa, ante todo, adherirse a la Persona de Jesús, para compartir su vida, sus afanes y su destino. Solo Él es el Camino, la Verdad y la Vida en sentido absoluto, y no simplemente como una posibilidad más importante que otras. Cristo es el único Salvador del mundo porque es a la vez Dios y Hombre verdadero. Él es la definitiva esperanza de la humanidad. Los católicos tenemos la suerte de conocerle y tratarle en la Palabra de los Evangelios y en el Pan de la Eucaristía tal como nos lo ofrece la Iglesia.
Otras religiones
buscan a Dios bien a través de sus huellas en la naturaleza creada o bien a
partir de la conciencia y de la sed de verdad y de amor que todos sienten. Sin embargo,
encuentran muchas dificultades a causa de las deformaciones y errores en que
han incurrido los hombres durante la historia; además, todos arrastran el
pecado original y sus consecuencias que debilitan la inteligencia en la
búsqueda de la verdad religiosa y moral, y también la voluntad para hacer el
bien. Por eso, fuera del cristianismo se encuentran elementos de verdad y de
bien que pueden conducir a Dios (cfr. Vaticano II, LG, 16), pero esas otras
religiones van de abajo a arriba, del hombre a Dios, aunque el Espíritu Santo
puede impulsarles por caminos desconocidos. Por todo ello, la religiosidad
humana y las religiones históricas que no conocen la Revelación cristiana
necesitan ser purificadas para llegar hasta el verdadero Dios y darle el debido
culto. De modo que los cristianos tenemos que agradecer la fe recibida,
custodiarla y difundirla con mucho afán apostólico. Es una grave responsabilidad
que tenemos.
Fuente:
Jesús Ortiz, Diálogo sobre los
mandamientos. Madrid, 2004.
”haz esto y vivirás”, le dijo Jesús a uno que le preguntó qué hacer para conseguir la vida eterna, la felicidad, según cuenta en Evangelio (Lc 10, 25-37). Primero le respondió invitándole a vivir los mandamientos, resumidos en: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”. Y después le habló del cuidado que tuvo un hombre samaritano, considerado como poco religioso, con otro hombre herido por los bandidos para robarle. Es decir, si queremos ser felices hay que vivir los mandamientos de Dios y preocuparse de las necesidades de los demás. Aquí tratamos de conocer cuáles son esos mandamientos haciéndonos algunas preguntas como estas: “¿no se pasará Dios al pedirnos unos mandamientos tan exigentes?, ¿pueden cambiar esos mandamientos con el tiempo y los lugares?, ¿qué pasa cuando la conciencia choca con los mandamientos?”
Por eso
veremos primero los cimientos de la moral cristiana, es decir los planes de
Dios, el fin de nuestra vida, la conciencia, etc., y luego entraremos en el
edificio compuesto por los diez mandamientos tal como los enseña la Iglesia. Son
una gran ayuda para alcanzar la verdadera libertad y ser útiles a los demás. Solo
por este camino encontraremos el sentido de nuestra vida.
Fuente:
Jesús Ortiz, Diálogo sobre los
mandamientos. Madrid,
2004.
El conocido publicista Alejandro Toledo caminaba por la calle cuando se encontró con un antiguo compañero de profesión de cierto prestigio. Cuando fue a saludarlo comprobó que aquel amigo se dirigía a un comedor social. Poco después lo vio salir, bien vestido, pero con una bolsa de comida de Cáritas.
Esta experiencia movió a Alejandro Toledo a hacer gratuitamente un «spot» para dar a conocer la importancia del trabajo que realiza esta organización humanitaria de la Iglesia católica. El actor principal del anuncio es un chico que encontró en la calle haciendo malabares, y la coprotagonista es la hija del autor del spot.