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lunes, 18 de diciembre de 2023

FESTIVIDAD DE SANTA MARÍA DE LA O, VIRGEN DE LA ESPERANZA

 

Virgen de la Esperanza de la catedral de León

Fuente: caballeros de la Virgen

La fiesta de la advocación de la Virgen de la Esperanza, “Santa María de la O” se celebra desde el siglo VII

También llamada de la “espera del parto” (Expectatio Partus), esta fiesta se estableció en el décimo Concilio de Toledo (656) y se mantiene en el calendario mozárabe. El nombre de "Santa María de la O" se debe a que, después de rezar la oración de la tarde, el coro sostenía una larga "O", símbolo de la expectación del universo por la venida del Mesías.

Desde aquellos siglos VII y VIII nos han llegado 7 antífonas que aún se cantan con el Magnificat en la oración de Vísperas del rito romano. Se cantan una por día, desde el 17 hasta la vigilia anterior a la de Navidad, el 23 de diciembre. Cada una de ellas comienza con una invocación a Jesús quien, en este caso, nunca es llamado por su nombre. Este septenario es muy antiguo, se remite a la época del papa Gregorio Magno, alrededor del año 600.

Se llaman "antífonas mayores" o "antífonas de la O" (cada una empieza por una exclamación "Oh"), y son seguidas siempre de la petición "¡ven!". Las antífonas están en latín y se inspiran en textos del Antiguo Testamento que anuncian al Mesías. Pero con una particularidad: las tres últimas incluyen algunas expresiones que sólo se explican a la luz del Nuevo Testamento. Estas son las invocaciones: 

O Sapientia = sabiduría, Palabra
O Adonai = Señor poderoso (en hebreo)
O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David)
O Clavis = llave de David, que abre y cierra
O Oriens = oriente, sol, luz
O Rex = Cristo como Rey
O Emmanuel = Dios-con-nosotros.

La antífona «O Oriens» del 21 de diciembre incluye una clara referencia al «Benedictus», el cántico de Zacarías inserto en el capítulo 1 del Evangelio de san Lucas: «Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombras de muerte».

La antífona «O Rex» del 22 de diciembre incluye un pasaje del himno a Jesús del capítulo 2 de la epístola de san Pablo a los Efesios: «El que de dos [es decir, judíos y paganos] ha hecho una sola cosa».

La antífona «O Emmanuel» del 23 de diciembre se concluye al final con la invocación «Dominus Deus noster»: una invocación exclusivamente cristiana, porque sólo los seguidores de Jesús reconocen a Emmanuel como Señor.

Otro mensaje es el acróstico de las iniciales latinas de la primera palabra después de la “O” leídas en sentido inverso: "ero cras", que significa "seré mañana, vendré mañana", como respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

La razón: complementar la Anunciación

El motivo que alegaron los padres conciliares del X Concilio de Toledo para promulgar este decreto fue que, como no todos los años se puede celebrar con el esplendor conveniente la Anunciación de la Santísima Virgen (pues coincide con el tiempo de Cuaresma o la solemnidad pascual), "se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre".

En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo. De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que, de Toledo, pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. También fue llamado "día de Santa María" y, como hoy, de 
Nuestra Señora de la O, por empezar con esta letra las grandes antífonas del rezo de Vísperas el día previo. 

Trece siglos después, en España, esta fiesta se sigue celebrando el 18 de diciembre en la Basílica de la Real Colegiata de San Isidoro de León (del siglo XI) con una Misa por el rito hispano-mozárabe.

Fuentes:

 Religión en libertad, https://www.religionenlibertad.com/cultura/46666/como-nace-la-advocacion-de-maria-de-la-o-es-la.html (17.12.2023)

 https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=36523 (17.12.2023)

Artículo publicado originalmente en Cari Fillii, 2015

domingo, 17 de diciembre de 2023

Tercer domingo de Adviento: Domingo de GAUDETE o de la ALEGRÍA

Fuente: Misioneros Digitales Católicos (MDC)

En este tercer domingo de Adviento, tradicionalmente llamado gaudete (¡alegraos!), la Palabra de Dios (Jn 1, 6-8.19-28) nos convoca a alegrarnos y a considera dónde está la fuente de nuestra alegría. Juan Bautista vuelve a recordarnos que este gozo no es fácil, sino que emana del movimiento de conversión hacia lo esencial. El contenido de esta metanoia no es otro que aquel que ya propusiera el profeta Isaías: vendar los corazones desgarrados, abrir las prisiones injustas, llevar un poco de consuelo a nuestro mundo abatido.

(…)

Con Jesús, el bautismo de Juan adquiere una dimensión nueva: al agua, Jesús añade el Espíritu Santo y el fuego. Es decir, que en aquello que somos y en aquello que pobremente intentamos hacer para construir un mundo mejor, Jesús viene a ensancharnos y a llevarnos infinitamente más lejos de donde podemos ir solos.

Esta es la buena Noticia, que nos permite anclarnos en la alegría y no tener miedo: “El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas”.

Fuente: Evangelio Diario en la Compañía de Jesús, 2023

lunes, 11 de diciembre de 2023

CURSO DE LITURGIA

25. EL ADVIENTO III

Misa Rorate en Oxford. Fuente: Acción litúrgica.


La Misa Rorate: Una antigua tradición litúrgica del Adviento

El Adviento es un tiempo de espera por la pronta llegada del Señor en la Navidad. Por eso la Misa Rorate está llena de símbolos y gestos que ayudan a que los fieles puedan comprender ese misterio.

La Misa Rorate suele celebrarse los sábados de Adviento debido a que la Iglesia Católica dedica este día a la Santísima Virgen María, quien durante nueve meses esperó llena de amor el nacimiento del Señor.

El nombre "Rorate" viene del latín "Rorate caeli" (cielos, lloved), un tradicional canto de Adviento que se entona al principio de esta liturgia.

La Misa comienza antes del amanecer y sin iluminación en el templo. Las únicas luces contempladas en esta ceremonia son la de los candelabros en el altar y las velas de los fieles.

La oscuridad del templo recuerda las tinieblas del mundo antes de la llegada del Señor, mientras que las pocas luces encendidas simbolizan la lucha de los que quieren ser fieles a Dios en medio de las sombras.

El final de la Misa Rorate coincide con la salida del sol. Esto recuerda las palabras del profeta Zacarías, quien, lleno del Espíritu Santo, dijo que Cristo es "la luz que nace de lo alto a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz" (Lucas 1, 78-79).

 

En diciembre del 2016, el Papa Francisco dijo que, junto a la oración cotidiana y la contemplación de la Palabra de Dios, la participación en la Misa Rorate era una ayuda "para profundizar nuestra fe, abrir nuestros corazones a las necesidades de los otros y vivir mejor nuestra vocación cristiana".

Por su parte, Benedicto XVI comentó en su autobiografía que durante su infancia "en el tiempo de Adviento, por la mañana temprano, se celebraban con gran solemnidad las misas Rorate en la Iglesia, aun a oscuras, solo iluminadas por la luz de las velas (…) La espera gozosa de la Navidad daba a aquellos días melancólicos un sello muy especial".

 

Fuente: Yhonatan Luque Reyes (Aciprensa, 25.11.2022)

Ejemplo de cántico de inicio:

https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=9e_y07aikQQ

 

 

viernes, 8 de diciembre de 2023

María Inmaculada


Bendito seas, señor, por tu madre, la virgen maría

Inmaculada Virgen, en el Cielo

celebran hoy tu santa Concepción;

Inmaculada Reina, desde el suelo

levantamos las voces hasta Dios.

  

Inmaculada Madre, mi consuelo,

desde la tierra canto esta canción;

lo que tu Hijo divino hoy te deseo,

en su Espíritu elevo mi oración.

 

He venido a cantarte, Inmaculada,

porque en ti se recrea el Salvador;

he venido a rogarte, Virgen Santa,

que de Dios nos alcances el perdón.

 

Eres la toda Santa, la Madre del Señor,

eres la Inmaculada Concepción.

Tú, la llena de gracia, ante el Trono de Dios

ejerces poderosa intercesión. Amén.

 

 

Gonzalo Mazarrasa

Fuente: Magnificat, diciembre 2023

miércoles, 29 de noviembre de 2023

CURSO DE LITURGIA

25. EL ADVIENTO (II)

 ADVIENTO

TIEMPO DE CARPINTERÍA INTERIOR

Fuente: COPE

El Adviento es un tiempo de preparación para estar en gracia y vivir correctamente la Navidad

El sentido principal del tiempo de Adviento es que la Iglesia y la comunidad (los creyentes) se preparen, es un tiempo de preparación para esperar al Señor. Y es un período privilegiado para los cristianos, pues:

-       nos invita a recordar el pasado con gratitud, porque Jesús, el Hijo de Dios, se hizo hombre para cumplir con el plan de salvación para la humanidad;

-       nos impulsa a vivir el presente con pasión y

-   a preparar el futuro con confianza, con la fe de que Él siempre estará con nosotros. 

 

Recordar el pasado con gratitud significa que debemos celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor vino y nació en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esa fue su primera venida.

 

Vivir el presente con pasión, viviendo en nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor, obedeciendo en todo, en especial dándolo a conocer a quienes se encuentran sin saber de su amor y misericordia.

 

Preparar el futuro, al que nos abrimos con confianza. Esto significa que debemos prepararnos con entusiasmo para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces, vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y nos premiará llamándonos a su presencia en el cielo; un futuro vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás.

 

En el Evangelio, Jesús habla varias veces de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento, a prepararnos para ese momento a través de la revisión y la proyección. El Adviento es un tiempo en el que podemos revisar nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios para convertirnos de nuevo, con la firme convicción de dejar atrás el pecado y volviéndonos a Dios con mayor determinación.

También es un tiempo propicio para hacer un plan de vida, para mejorar como personas. Esto incluye cuidar nuestra fe, sobre todo en esta época en la que vamos a estar “bombardeados” por una publicidad mercantilista y rodeados de compromisos sociales, dificultando que nos demos cuenta del verdadero sentido del Adviento. No perdamos de nuevo la oportunidad de esforzarnos en vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el verdadero sentido cristiano. Y que, cuando llegue la Navidad, sepamos dar gloria a Dios de todo corazón.

 

Fuente: https://comunidadsanpablo.org/el-adviento-tiempo-de-preparacion-para-la-navidad/ , tomando como base un artículo de Tere Vallés publicado en Catholic.net 

 

martes, 28 de noviembre de 2023

LA CORONA DE ADVIENTO

Fuente: Catholic Relief Services

Una ayuda para meditar y orar en este tiempo de Adviento, preparándonos a la llegada de Jesús, es la tradición de la corona de Adviento, uno de los símbolos que distingue este tiempo litúrgico.

La corona de adviento usualmente tiene cuatro velas, tres moradas y una rosada o blanca.  La corona está hecha de ramas de pino o abeto generalmente y puede estar decorada con manzanas o listones rojos. La tradición aconseja que cada semana, antes de Navidad, al tiempo que se enciende una vela, se rece y se lea la Biblia en familia. 

Cada elemento de la corona tiene un significado espiritual:

La forma circular. El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios para con nosotros, que es eterno, infinito, sin principio ni fin. Y también es señal de nuestro amor a Dios y al prójimo, que nunca debe terminar. También significa que Dios es completo, que estuvo en el principio, está hoy presente y estará en el futuro.

Las ramas verdes. Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre. Las ramas de la corona nos recuerdan la vida eterna, pero la corona también nos puede recordar la corona de espinas que sufrió Jesús durante su pasión.

El color rojo significa el amor de Dios; también tiene el simbolismo de la Sangre que Cristo derramó por nosotros. El listón rojo que adorna la corona representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Fuente: InfoCatolica

Las manzanas rojas entre el follaje representan los frutos del jardín del Edén, donde Adán y Eva trajeron el pecado al mundo, pero donde también recibieron la promesa del Salvador Universal. También son símbolo de los frutos de nuestra vida, los frutos de nuestro trabajo y nuestros los sacrificios, los que le ofrecemos a Dios y a nuestro prójimo. 

La corona de adviento usualmente tiene cuatro velas que simbolizan la luz en medio de las tinieblas y nos recuerdan la salvación que vino a traer Jesucristo, luz para la vida de cada persona. Las velas se encienden cada domingo de Adviento, al hacer la oración en familia, hasta llegar a la Navidad. 

Según la tradición, cada vela simboliza mil años; los cuatro mil años que suman simbolizan el tiempo que la humanidad esperó a su Salvador, desde Adán en el Antiguo Testamento, hasta el nacimiento de Jesús.

Las cuatro velas también nos hacen pensar en la oscuridad provocada por el pecado, que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo, como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Las velas nos muestran el contraste tan grande que tenemos entre la oscuridad y la luz.  Dios es la Luz del mundo y lo contrario a Dios es el mal, el pecado, la oscuridad.  Así, en el tiempo de Adviento, según se acerca el nacimiento de Jesús, nos vamos llenando más y más de luz.

Fuente: Misioneros Digitales Católicos MDC

Los colores de las velas también tienen significado para la Iglesia. Cuando se usan cuatro velas, tres son moradas y una rosada. Las moradas significan, penitencia, oración, tiempo de reflexión y de sacrificio.  Estas tres semanas nos recuerdan que debemos tener nuestra casa y nuestro templo -que es nuestro cuerpo-, preparado para la llegada de nuestro salvador.  La tercera semana de adviento se usa el color rosado, simbolizando que está muy cerca el día del nacimiento de nuestro Salvador.  El color rosado se usa para la semana de regocijo o festejo, es la semana de la alegría.

Algunas tradiciones utilizan una corona con cinco velas; en este caso, la última vela es blanca, para aludir a la pureza de Jesús; se coloca en el centro y se enciende el día de Navidad, figurando el nacimiento de Jesús.

 

También la tradición da un significado a cada semana:

Primera semana – vela morada – es la semana de ESPERANZA – Se considera la vela de los profetas, nos recuerda que Jesús viene.

Segunda semana – vela morada – es la semana de la FE – Se considera la vela de Belén y nos recuerda la jornada de José y María hacia Belén.

Tercera semana – vela rosada – es la semana del REGOCIJO – Se considera la vela de los pastores y nos recuerda la alegría del mundo al recibir a Jesús.

Cuarta semana – vela morada- es la semana de la PAZ – Se considera la vela de los ángeles y nos recuerda el mensaje de los ángeles “Paz en la tierra”.

 

Fuente: Flickr

Hay muchas oraciones y bendiciones de Adviento y de reflexión familiar. Quizás tengas una oración o bendición de tu familia que ha pasado de generación en generación.  Si no la tienes, puedes comenzar este año esta bonita tradición para compartir la fe en familia.  Fabricar entre todos la corona también puede ayudar a centrar el motivo de esta celebración, que es la llegada de Jesús, especialmente con los más pequeños.


Fuente: https://comunidadsanpablo.org/el-adviento-tiempo-de-preparacion-para-la-navidad/ , tomando como base un artículo de Tere Vallés publicado en Catholic.net 


lunes, 27 de noviembre de 2023

CURSO DE LITURGIA

25. EL ADVIENTO I

Fuente:Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora

Las cuatro semanas anteriores a la solemnidad de Navidad forman el tiempo de Adviento, que es la preparación para la llegada del Salvador. Con el primer domingo de Adviento da comienzo un nuevo año litúrgico, que termina justo el domingo anterior, con la festividad de Cristo Rey. En el rito oriental-bizantino, el año litúrgico comienza con la fiesta de la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre.

Fuente: Año liturgico. Jesús Manuel Gallardo YouTube

Las normas litúrgicas universales dicen que el Adviento “comienza con las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento (el 30 de noviembre o domingo más cercano) y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad”. Contiene siempre cuatro domingos que se estructuran en dos partes bien definidas: hasta el 16 de diciembre y del 17 al 24 de diciembre. Fue el papa San Gregorio Magno quien la estructura en cuatro semanas.

El tiempo de Adviento no se conoce en Roma hasta el siglo VI, recogiendo la palabra adventus, aplicada anteriormente a la llegada de algún personaje importante (emperador). Es el tiempo del Maranatha (ven Señor), de la espera gozosa del Salvador. El Adviento es también el tiempo mariano por excelencia, donde la presencia de María en la liturgia es más patente.

Teológicamente, es tiempo de espera gozosa de la venida de Cristo, es tiempo así mismo del Espíritu Santo, tiempo del cumplimiento de las profecías, tiempo de conversión y tiempo mariano por excelencia como hemos dicho (diciembre, el mes más particularmente apto para el culto a la Virgen sin que deba ser considerado como mes de María) con la Inmaculada, la Expectación al Parto y, ya en tiempo de Navidad con la solemnidad de María Madre de Dios, el 1 de enero.

En los aspectos litúrgicos el Adviento es tiempo de relativa austeridad en los signos externos. Así, es aconsejable pastoralmente hacer alguna celebración comunitaria de penitencia. Se omite el Gloria los domingos por el carácter relativamente penitencial del tiempo, para que resuene con más alegría el Gloria de la Misa del Gallo. Las vestiduras son moradas (como en Cuaresma) y el altar debe estar escueto y sin adornos muy festivos. En el domingo III de Adviento, llamado Gaudete por la antífona de entrada -Gaudéte in Domino Semper: íterum dico, gaudéte- se puede usar el color rosa (como ocurrirá en el IV domingo de Cuaresma, llamado de Laetare). La música instrumental se debe omitir para que contraste más la alegría del Nacimiento.

También se recomienda poner en lugar preferente una imagen de María y se está recuperando la tradición, procedente de Centroeuropa y Norteamérica, de poner la llamada corona de Adviento (cuatro velas de diferentes colores sobre una corona de ramos verdes que se van encendiendo progresivamente en cada domingo, marcando el tiempo de la llegada del Señor).

La semana que precede a la Navidad tiene un sentido propio y distinto al resto del Adviento pues la llegada del Señor es inminente. Aquí las memorias de los santos son siempre libres, se puede cantar diariamente el Aleluya, poner más luces en el altar, usar vestiduras más lujosas, dar la bendición con la fórmula solemne de bendición de Adviento. Se debe notar que el tiempo es más alegre.

Las lecturas de Adviento se nuclean en las ferias en torno al profeta Isaías y las evangélicas en los pasajes que narran al Precursor y los preparativos del Nacimiento. Los domingos se leen las epístolas de Pablo, Santiago y Hebreos.

Resumiendo; el Adviento es un tiempo de relativa austeridad pues, a quien espera, siempre le falta algo. Por eso se emplean algunos signos de austeridad, como las vestiduras moradas o la omisión del Gloria.

 

Fuente: (Cf) Curso de Liturgia. (Cf) Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

domingo, 25 de diciembre de 2022

EL BELÉN DE LA FACHADA DE LA NATIVIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA DE BARCELONA

 

Natividad. Sagrada Familia de Barcelona

Gaudí utilizó la técnica del enmoldado con yeso, una técnica que ya utilizaban los griegos y llegó al summum del conocimiento de la técnica con el enmoldado de personas vivas, una técnica que empleó para las esculturas de la fachada del Nacimiento.

El protagonista debía vestirse con las túnicas pertinentes, o desnudarse si así lo requería la figura representada, y recibía el yeso sobre el cuerpo hasta que se formaba una carcasa rígida. El proceso solamente duraba unos pocos minutos, a pesar de lo cual alguno que no resistió a la sensación y se desmayó.

Gaudí escogió a la gente que tenía más cerca para hacer la fachada; inmortalizó a peones de obra, feligreses, niños de la parroquia…  eligió personajes completamente desemejantes: hay desde obispos hasta traperos, de suboficiales a cabreros, mozos de taberna o peones de la obra. Y es que, más que la «belleza plástica», lo que realmente le interesaba era la verdad expresiva de la gente. Gaudí veía en la verdad de la vida el reflejo de la belleza eterna y en cada ser, un trocito de Dios. Por ello, siempre había una cierta relación entre el modelo seleccionado y el personaje que debía representar. De esta manera, los niños de la escuela se convirtieron en ángeles para la cripta y los recién nacidos muertos en el hospital sirvieron de modelos para la matanza de los inocentes; también fue así, buscando esta semejanza en la esencia, como eligió los modelos para las esculturas más importantes de la fachada.

Por ejemplo, para hacer de Virgen María, Gaudí escogió una soltera madura y tan piadosa que quería ir a pie hasta Tierra Santa, pero cuando estaba en Premià de Mar, a veinte kilómetros de Barcelona, dijo «¡Dios mío, qué lejos está!», cogió el tren y se volvió a casa. Para san José encontró el modelo ideal en un cantero que había faltado a la obra varios días seguidos; cuando fue a verle, se lo encontraron en el suelo sobre un jergón de paja desgarrado, al lado de su mujer que rogaba que se recuperase. Y para el niño Jesús en el pesebre escogió a una recién nacida real de pocos meses: la nieta del escultor y gran amigo suyo, Llorenç Matamala.

Huida a Egipto. Sagrada Familia

Gaudí también utilizó la técnica del enmoldado con animales. De ese modo, los pavos, las gallinas y las ocas eran de una masía vecina. No obstante, el caso más anecdótico es el de burra del grupo escultórico de la huida a Egipto. Para comenzar, le tuvieron que comprar el animal a una vieja vendedora de tierra que pasaba a menudo por estos barrios y que vendía tierra para lavar las vajillas porque no quiso ceder la burra. Sin embargo, el animal no se dejaba enmoldar, así que Gaudí hizo que la izasen sujeta por el vientre; al sentirse suspendida, espantada, se quedó quieta y, entonces, sí que fue enmoldada fácilmente.

Fuente: blog de la Sagrada Familia. Barcelona 

 

sábado, 17 de diciembre de 2022

Tercera semana de Adviento Is 48, 17-19; Mt 11, 16-19 (y PARTE III)

 Homilías en el año litúrgico (BXVI)


El Adviento pone al pueblo cristiano en tensión espiritual hacia la venida del Hijo de Dios.
Fuente: Tiempo de Adviento. Religión digital


“LA SABIDURÍA SE HA ACREDITADO POR SUS HIJOS” (Parte III, final)

Así, las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento son las mismas, dicen lo mismo para distintas generaciones, y también a nosotros nos parece que esta historia sigue abierta en nuestras manos. Esta es la gran esperanza que nos arrojan los textos de la liturgia de hoy.

Al final del Evangelio, después de la tristeza de las personas de tantas generaciones y del peligro de que esas generaciones pudiesen decir no, aparece una palabra de alegría: una promesa victoriosa. El Señor dice que, a pesar de todo, “la sabiduría fue reconocida por sus obras” (Mt 11,19). Cuando escuchamos esto, nos preguntamos: ¿es cierto que Dios es sabio? ¿Podemos decir que Dios es la sabiduría, que Cristo, que ha sufrido la cruz, es la sabiduría? En verdad, por medio de su victoria el Señor ha dejado en herencia el germen de la nueva vida para su pueblo y para el mundo, una levadura que transformará todo. Y ha fundado de este modo una nueva manera de vivir la fe.

La Jerusalén terrenal ha sido destruida, pero de la cruz de Cristo surge una nueva Jerusalén, una nueva ciudad esparcida por todo el mundo, en las pequeñas y también en las grandes comunidades de los creyentes. Alentada por la fe, crece una nueva ciudad, una imagen de la futura Jerusalén.

“Y la sabiduría fue reconocida por sus obras”. Nacen las primeras comunidades cristianas, una nueva humanidad, el amor a los que sufren y a los pobres, que no había existido en el mundo, una luz de verdad que ilumina las sendas de la humanidad, transforma el mundo y a pesar de todo vence sobre lo malo.

Ya hemos hablado del camino de las lámparas ardientes, un camino de luz que se extiende cada vez más en la historia. Así se fundó una nueva ciudad, una nueva vida. En el Apocalipsis se dice: “Vi una muchedumbre inmensa con vestiduras blancas” (Ap 7,9). Son aquellos “que vienen de la gran tribulación” (Ap 7,14) y que representan la nueva humanidad. “La sabiduría se ha acreditado”. Dios es sabio, a pesar de estas derrotas crece la humanidad, crece el don del amor, de la fe y de la esperanza que Cristo nos ha regalado.

San Lucas nos transmite otra variante de estas palabras cuando dice: la sabiduría fue reconocida “por todos sus hijos” (Lc 7,35), los hijos de Cristo, sus hermanos. Esto comienza con los primeros mártires y llega hasta los grandes testigos de la fe de hoy, todos ellos reconocen a Cristo, la verdadera sabiduría divina. Así, el texto nos invita a ser hijos de la sabiduría y hacer obras de la sabiduría para transformar el mundo.

Finalmente, los textos aparecen en la liturgia de un modo muy concreto. el texto del salmo 81 dice: “Si hubieses escuchado mis mandatos te sustentaría con miel y con flor de trigo”. El señor nos alimenta con flor de trigo, consigo mismo, nos da este pan, en la pequeña cantidad de trigo se entrega a sí mismo. Se entrega en nuestras manos, en nuestro corazón.  

Pidámosle al Señor que nos ilumine, que nos conceda escucharlo y poner en práctica su palabra. Y de este modo llegar a ser sus hijos, a hacer sus obras, obras de la sabiduría divina.

        Fuente: Benedicto XVI, El camino de la vida. Homilías en el año litúrgico. Barcelona, 2019