jueves, 29 de febrero de 2024
jueves, 22 de febrero de 2024
lunes, 19 de febrero de 2024
CURSO DE LITURGIA
Desde
el Vaticano II los ministros ordenados son de tres grados: diaconado,
presbiterado y episcopado. Como ministerios instituidos
quedan el electorado y el acolitado, como sustitución de las antes llamadas “órdenes
menores”. La mayor novedad estriba en la creación del diaconado permanente y su
apertura a los varones casados.
Para
ser ordenado diácono se requiere ser varón, mayor de 25 años si se es soltero o
mayor de 35 años si se está casado y el consentimiento de la esposa en este
caso. Si al ser ordenado se está soltero le afecta el celibato de por vida; si
está casado y enviuda no puede volver a casarse.
Antes
de ser ordenado diácono (orden que ya pertenece al clero) hay que ejercer los
ministerios de lector y acólito y recibir la formación adecuada que en cada
diócesis se imparte, además de ser considerado idóneo y digno para recibirlo.
Los documentos exigidos los relaciona el CDC nº 1050. Hoy día, el diaconado no
tiene necesariamente que conducir al orden presbiterial, aunque todos los
presbíteros serán antes ordenados de diáconos.
En
cada diócesis hay una delegación diocesana para los ministerios y el diaconado
permanente, a cuyo cargo está un delegado. Dirigiéndose a los respectivos
palacios arzobispales, dan la información adecuada.
Diakonía
significa
servicio. El diácono es un colaborador del sacerdote y estará al lado del
presbítero ayudándole en todo lo referente al misal y al cáliz. Le corresponde
proclamar el Evangelio como cosa propia y la oración de los fieles, las
moniciones dirigidas al pueblo y reparte la comunión. Si no hay otros
ministros, hace lo de los demás. También da la bendición con el Santísimo.
Su
vestidura propia es la dalmática y llevan la estola cruzada del hombro
izquierdo a la cintura.
Fuente: (Cf) Curso de Liturgia.
(Cf) Pedro Sergio Antonio Donoso Beant
lunes, 22 de enero de 2024
¿Cuál es y cómo se comete el pecado contra el Espíritu Santo?
Es Mateo (12,31-32) quien menciona un pecado “que no será perdonado”, y aclara que es “la blasfemia contra el Espíritu Santo”.
Blasfema quien no se siente necesitado de Dios, no se siente pecador o se cree sin pecado; quien se cierra al llamado de Dios a la conversión, quien endurece el corazón; quien considera que Dios no puede perdonar o niega el perdón de Dios en la confesión. Es decir, es el pecado por el que el hombre se niega libre y conscientemente al perdón y la misericordia de Dios. De ahí su gravedad; considera que Dios no tiene nada que hacer, que no puede actuar, que no se puede hacer nada. Aunque Dios quiere perdonar, la persona no le deja.
Es necesario comprender
que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado porque el pecador
no se arrepiente, no porque Dios no lo quiera perdonar. Por eso, abrámonos a
la acción de la gracia del Espíritu Santo, luchemos por nuestra conversión y
confiemos en su Misericordia, que es infinita y eterna.
Recordemos Proverbios 28,13: “El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos, alcanzará misericordia”.
Fuente: (Cf) catholic.net (https://es.catholic.net/op/articulos/66628/cat/13/cual-es-y-como-se-comete-el-pecado-contra-el-espiritu-santo-.html#modal
), 19.01.2024
martes, 15 de noviembre de 2022
COMPROMISO
|
Asistid a Misa siempre que os sea posible, visitad el Santísimo Sacramento, haced frecuentes actos de fe y amor, y procurad vivir en la presencia de Dios San John Henry Newman |
miércoles, 29 de junio de 2022
Santísimo Sacramento
Sagrario del Altar Mayor de la catedral de Sevilla, de Francisco de Alfaro (1593-1595).
Fuente: Universidad de Almería
Aquí está el Señor
…
un día vi cómo deambulaban -con un desenfado casi insultante- unos jóvenes por
el interior de un templo…. Esto me recordó a aquel grupo de excursionistas que,
en actitud de curiosidad ansiosa por verlo todo -adoptando un cierto aire de
viaje de estudios-, tal vez con capacidad de asombrarse ante cualquier imagen de
pasta relamida, ignorando en cambio el valor de piedras y tallas artísticas
centenarias, se acercó un día a una iglesia de mi pueblo, un hermoso templo
ojival del periodo de transición del románico al gótico.
El cura que atiende la iglesia se
encontraba en el pórtico. Uno del grupo le preguntó:
- ¿Qué es lo que hay de más valor en esta iglesia? ¿Algo que sea digno de visitar?
El sacerdote que luego me contaría lo sucedido, sin vacilar ni dudarlo, les dijo:
¡Vengan!
Y entró en la iglesia, seguido del
grupo, que ya se felicitaba porque el mismo señor cura hiciese de cicerone.
- ¡Vengan, vengan! – les dijo en voz muy baja-, vamos al altar mayor.
Entendieron muy bien. Cesaron de hablar, al menos del modo tan ostensible como lo venían haciendo. Al llegar al altar mayor, saludó con una genuflexión; todos, unos mejor y otros peor, también hicieron su genuflexión. Luego el párroco se arrodilló, y -medio volviéndose- les señaló el Sagrario:
- ¡Aquí tienen! ¡Esto es lo de más valor que tenemos en la iglesia! ¿Aquí está el Señor!
Los excursionistas tardaron unos segundos en reaccionar. Tal vez se preguntarían si se les estaba tomando el pelo. El caso es que se fueron arrodillando uno tras otro, y me imagino que, quien más quien menos, rezaría algo al Señor.
Sí claro, luego les explicó -siempre en voz baja y respetuosa para con la casa de Dios- los otros valores artísticos del templo…
Por mi parte no tengo inconveniente en reconocer que fue una visita provechosa, ¿verdad? Junto a la lección de arte, aquellos turistas recibieron al mismo tiempo una sencilla y maravillosa lección de fe y de piedad. ¡Cuánto bien podemos hacer todos en ese sentido!
¿Te animas tú a buscarle en ese escondite que es el Sagrario de nuestras iglesias? “Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. – Está escondido en el Pan. Se humilló hasta estos extremos por amor a ti”.
De aquella visita turística, este buen sacerdote se sirvió para inculcarles el respeto y veneración ante lo sagrado, y para descubrirles que, ante todo, en un templo católico lo primero y a quien hay que dar la primacía es al Señor.
Fuente: Acércate al Sagrario.
José Manuel Iglesias. Madrid, 2005
domingo, 20 de marzo de 2022
Este vídeo es de hace muy pocos días.
El Santísimo, en vehículo, escoltado por otros dos coches -de protección y de cortesía- recorre las calles de una ciudad de Ucrania.
Impresiona el suave y respetuoso canto de la gente, de rodillas a su paso...
También impresiona saber que el crucifijo de la catedral de Kiev se ha trasladado a un búnker; la última vez fue en la Segunda Guerra Mundial.
Oremos todos por la paz.
martes, 9 de julio de 2019
jueves, 4 de junio de 2015
jueves, 26 de junio de 2014
Nadie ni nada
Nadie estuvo más solo que tus manos
perdidas entre el hierro y la madera;
mas cuando el pan se convirtió en hoguera
nadie estuvo más lleno que tus manos.
Nadie estuvo más muerto que tus manos
cuando, llorando, las besó María;
mas cuando el vino ensangrentado ardía
nadie estuvo más vivo que tus manos.
Nadie estuvo más ciego que mis ojos
cuando creí mi corazón perdido
en un ancho desierto sin hermanos.
Nadie estaba más ciego que mis ojos.
Grité, Señor, porque te has ido.
Y Tú estabas latiendo entre mis manos.










