martes, 23 de mayo de 2023

CURSO DE LITURGIA

9. LA PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA LITURGIA  (II)



Fuente: La identidad teológica del laico. Almudi.org

(CONTINUACIÓN)

Pese a lo anterior, no debe pensarse que en la liturgia todo está cerrado y los ministros deben limitarse a una mera repetición mecánica de los ritos, oraciones y rúbricas. Liturgia no es sinónimo de rigidez, aunque no admite arbitrariedad.  Precisamente la no arbitrariedad es una de las características de la liturgia: se sustrae a la intervención del individuo ya que en la liturgia y mediante ella, se entra en contacto con algo superior (Revelación) y se crea una comunión universal que supera las iglesias locales. El Misal es sumamente variado en oraciones, prefacios, misas, como par que pueda decirse que no haya una gran variedad de textos para escoger, dependiendo lógicamente del calendario litúrgico y otras circunstancias. En este aspecto es donde hay que encajar la creatividad litúrgica, escogiendo dentro de la variedad y no inventando lo que no existe. La mejor pastoral que puede hacerse consiste en una buena liturgia, no debe existir esa excusa tan recurrida de lo pastoral para justificar una liturgia mal hecha.

“La participación es un término que viene del latín participatio (partem-capere = tomar parte) y es sinónimo de intervención, adhesión, asistencia”. En efecto, hoy día la palabra es usada frecuentemente y todo el mundo pide, en cualquier ámbito de la vida, participar. Para los cristianos, el fundamento de la participación está en el Bautismo, dado que todo bautizado está revestido de la dignidad sacerdotal. Se ha interpretado la participación pensando en que consiste en la intervención del mayor número de personas posibles durante el mayor tiempo posible. ¡Craso error! No se trata de multiplicar vana y artificialmente las acciones a realizar pensando que, con eso, se aumenta la participación ya que la auténtica participación consiste en dar paso a la acción de Dios.

En la liturgia no podía ser menos y es uno de los conceptos claves de la reforma litúrgica. Tiene sus antecedentes más cercanos en el motu proprio Tra le sollecitudini, de san Pío X y, más próximos al Vaticano II en la encíclica Mediator Dei, de Pío XII (20.XI.1947). Pero es en la SC cuando este principio de participación toma cuerpo como algo esencial. Es toda la asamblea litúrgica la que está implicada en la acción litúrgica, pero cada uno de sus miembros intervienen de modo distinto “según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual” (SC 26). La diferencia entre la participación de los ministros ordenados y los laicos no sólo es de grado sino también esencial.  

 

Fuente: Curso de Liturgia. (Cf) Pedro Sergio Antonio Donoso Beant

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