jueves, 3 de marzo de 2016

El ser humano y la libertad

SEAMOS LIBRES

3  Un mosquito puede hacer lo que está dentro de él; ni más, ni menos. Pero la persona, con la humanidad, tiene en sus manos todas las capacidades que alberga el ser humano. Eso lo capacita, en definitiva, para desplegar modos de destrucción que ningún otro ser viviente lleva en su seno.

Ésta es la paradoja interna del ser humano. Está llamado a lo más grande, pero su libertad puede convertir en una verdadera amenaza la otra tentación: querer ser grande y oponerse a Dios, convirtiéndose en un anti-Dios. Esta amenaza puede provocar su caída y transformarlo en un demonio destructivo.

A veces desearíamos decirle a Dios: “Ojalá hubieras hecho menos grande al ser humano, pues sería menos peligroso. Ojalá no le hubieras dado la libertad; así no podría caer tan bajo”. Y, sin embargo, al final no nos atrevemos a decirlo, porque tenemos que estar agradecidos de que Dios haya creado la grandeza. Y si Él asume el riesgo de la libertad de la persona y, en consecuencia, sus caídas, podemos estremecernos ante todo lo que puede suceder, y hemos de intentar movilizar todas las fuerzas positivas, pero también tenemos que transmitir la confianza fundamental que Dios deposita en las personas. Solamente aferrándonos a esa confianza fundamental lograremos oponernos y soportar las amenazas que se ciernen sobre el ser humano.


Dios y el mundo. Benedicto XVI

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