sábado, 9 de mayo de 2020

Rezar en familia (8)


 
DOMINGO V de PASCUA- Ciclo A

Juan 14, 1-12

10 de Mayo. 2020

Comentario

DIOS, A NUESTRO LADO:

Estamos ante un estado, más que de tristeza, de preocupación del Señor, ante la despedida de Cristo de sus discípulos: Por eso Jesús quiere asegurar la paz y seguridad de su Fidelidad. Esto es motivo de alegría. También a nosotros nos viene bien considerar sus palabras ante las despedidas de muchos familiares difuntos con motivo del corona-virus.
 
No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Son palabras que leemos en este Evangelio de hoy...deberíamos recordarlas con frecuencia: al atardecer de nuestros días y al empezar la jornada. Podemos hacerlo mientras pronunciamos el ¡Oh, Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Vos! como intercesora nuestra, pensando intencionadamente en este deseo de su Hijo en momentos de despedida de los suyos. O rezando el Acordaos Oh piadosísima Virgen María.., atribuida a san Bernardo, ante los “nudos” familiares, problemas en el trabajo, relaciones o situaciones difíciles, o ante la estampa de la Virgen de los Nudos...,rezando tal vez sin palabras.
 
 

“Volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros...” un día. Son muy pocas las actuaciones de “Jesús solo” en su vida. Por eso insistentemente quiere incorpararnos a Él. Y si está solo (por ejemplo en el Nacimiento y Redención), también en esos momentos, su presencia y actuación es para nosotros.

LA VERDADERA SEGURIDAD:

Hoy más que escudriñar, nos toca recordar, agradecer y comprometernos a corresponder; o, si lo consideráis mejor, a contemplar las maravillas del Señor. Es como si quisiera evitar que aquella barca de madera que conducían por el Mar de Galilea, ahora estuviese a punto de perecer por la falta de sensatez o de fe de sus escogidos pilotos, al faltar visiblemente el Maestro. Por eso les había dicho: “Creed en Dios y creed también en mí”(Jn 14,1), porque “yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30).

El “redil” era lugar seguro para las ovejas dóciles al pastor. La “Barca”, la Iglesia, debe ser lugar seguro para los cristianos y eso depende de nuestra fidelidad y compromiso con Dios. En los tiempos del Señor en la tierra se sentían realmente seguros por la palpable íntima unión de Cristo con el Padre. La seguridad nuestra hoy en día está en la “unión nuestra” por medio Jesucristo con el Padre por la oración y el uso de los demás medios que fomentan la vida de piedad: Presencia de Dios, jaculatorias, mortificaciones, trabajo, orden, pensar más en los demás. Preocupaciones, tristezas, alegrías...Este es el campo donde el Señor nos pide a nosotros que afinemos y cuidemos a nivel personal. De ahí deben brotar propuestas e iniciativas, inspiradas por Espíritu Santo.

Si no fuese así, el acercarnos a la Iglesia, nos puede producir muy buena impresión de grandiosidad, como la Fachada de la Catedral, que dará de la Religión muy buena impresión con su ordenada doctrina, mandamientos y demás normas, e incluso como de cierta seguridad. Pero la vida puede fluir por otros engañosos caminos que nos pueden llevar a falsas seguridades o justificaciones, por no vivir como Cristo, que nos enseñó: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn.14,11). Es decir: por falta de espíritu contemplativo. La religión nos puede decir: hagamos el bien, para poder estar en paz “con Dios”. Jesús en cambio, mandaba hacer el bien “como Él”, pero Él estaba “en Dios”, porque lo era.



Este es el cambio de mentalidad que Cristo está proponiendo y apuntalando ya desde los primeros tiempos hasta hoy. Algo así como ir del éxodo de Egipto a la Tierra Prometida y desde la misma instauración de la Iglesia hasta el Cielo. Esto que digo de la Iglesia, es aplicable a la Familia: es la “Iglesia doméstica“. VER: Carta del Papa Francisco sobre el mes de mayo.

En infinidad de ocasiones el Papa Francisco ha recordado el papel imprescindible de los mayores en la sociedad: para la transmisión de la fe, para el diálogo con los jóvenes y para la custodia de las raíces de los pueblos; incluso los ha llamado “reserva sapiencial”.
 

 

Simón-David Castro Uzal sdavidcuzal@gmail.com para el 10 de mayo de 2020

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