martes, 13 de enero de 2015

El Bautismo ¡no es una formalidad!

El Bautismo ¡no es una formalidad!
Hablando del Bautismo el Papa Francisco explicó hace un año que “¡no es una formalidad!” y precisó que no es lo mismo un niño bautizado que uno que no lo está.
Al referirse al Bautismo explicó que este sacramento, junto a la Eucaristía y la Confirmación, forman la llamada “Iniciación cristiana”, que “constituye como un único, gran evento sacramental que nos configura al Señor y hace de nosotros un signo vivo de su presencia y de su amor”.
“Puede nacer en nosotros una pregunta: ¿pero es de verdad necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No es en el fondo un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? ¿Es una pregunta que puede venir, no?”
 
 
Por medio del Bautismo hemos sido sepultados junto a Él en la muerte para que, como Cristo fue resucitado entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva” (Rm 6,3-4). Por lo tanto ¡no es una formalidad! Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia.
“Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos”.

Relieve del Bautismo de Cristo de la parroquial

El Papa reiteró luego la importancia de recordar la fecha del propio bautismo y, si no sabe, alentó a averiguarla: “hoy, en casa, busquen, pregunten la fecha del Bautismo y así sabrán cuál ha sido el día tan bello del Bautismo. ¿Lo harán? (responden: ¡sí! ) No siento entusiamo, ¿eh? ¿Lo harán? (gritan más fuerte: ¡sí! ) ¡Eh, sí! Porque es conocer una fecha feliz, aquella de nuestro Bautismo. El riesgo de no saberlo es perder la memoria de aquello que el Señor ha hecho en nosotros, la memoria del don que hemos recibido”.
“Entonces terminamos por considerarlo sólo como un evento que ha sucedido en el pasado – y ni siquiera por voluntad nuestra, sino de nuestros padres – por lo tanto no tiene más ninguna incidencia en el presente. Debemos despertar la memoria de nuestro Bautismo: despertar la memoria del Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro Bautismo cada día, como realidad actual en nuestra existencia”.

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